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Corrientes, Sábado 4 de septiembre de 2010

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"Hacerse cargo"

La hipocresía es la morada del hombre moderno, es el refugio en donde el ser humano siente seguridad, el lugar en donde un sinnúmero de verdades hacen una gran mentira, el sitio predilecto para un animal capaz de razonar e imposibilitado de respetar su razón.

29 JUL | Opinión

Todos coinciden en la intención de querer creer, más el problema no es el fundamento de la credibilidad sino más bien el objeto de la creencia. Obnubilado ante una gama diversa de posibilidades, el hombre reproduce sus inseguridades y las sedimenta en una actitud tan ambigua como confiable; la hipocresía.

Al no tener ni la capacidad ni el valor, como para quedarse con algo opta por todo, es decir, por verdades de momento que inevitablemente caen en contradicción. Placentero y vasto el terreno en donde la actitud habita y por tal parece imposible una mudanza.

La gente está muy comprometida con el supuesto de lo que debe ser y olvida por ello, sintomáticamente, lo que es. Para bien o para mal todos realizan hipótesis de lo posible, de lo que pueden llegar a alcanzar o de lo que tienen como estrictamente inalcanzable, bajo este comportamiento particular, mitigado por la ambición, la envidia, la desazón, la angustia y el utilitarismo. Tal actitud es impulsada por el peso de una historia, la del pasado.

La gente sabe que cada uno de sus pasos es una línea imborrable en el gran cuaderno de las anécdotas humanas, viven, piensan y actúan, alimentadas por un pasado que leen, releen e intentan comprender, y sufren, se ilusionan y ambicionan por la motivación de un futuro incierto, impredecible y, por tanto, falto de sentido y de razón. Al presente lo olvidan, presionados por un inmenso antes y asustados por un invisible después.

Nadie podría aventurar a quien, dentro de treinta años, se lo llegue a considerar el político, el escritor o el empresario del momento. Es más, de hecho deben de existir individuos que tengan tal meta, lástima que ningún camino pueda mostrarse confiable, pues en su momento, por citar arbitrarios ejemplos, Ernesto Guevara no era un joven carismático, idealista y al que todos por amor llamaban che, simplemente era un argentino aventurero y apasionado crédulo de ciertas ideas. O Albert Camus, en su presente, no representaba un célebre escritor comprometido con la libertad humana, más bien poseía la imagen de un Africano sufrido y con aires de intelectual.

Hoy por hoy, transitan por vaya uno a saber que ciudad o pueblo individuos que dentro de un tiempo serán vivados y endiosados por la masa. No tendrán defectos y sus virtudes, se verán maximizadas, mientras tanto estos futuros protagonistas, viven apremiados por quien sabe que ambición, ignorando los designios del tiempo y por ello, junto a la masa, alabando y rindiendo pleitesía, a los célebres que fueron consagrados por el pasado, quienes pese a solo tener virtudes, o ser carentes de falencias, no pueden ostentar tal congratulación, puesto que el antes que premia con la notoriedad exige a cambio la finitud o la mortalidad, por el hecho de que es más fácil endiosar a un cadáver que aplaudir a un mortal.

El ideal griego antiguo pretendía alcanzar, al comienzo, el mundo de las ideas, la república perfecta. Aristóteles, como instructor no tanto como filósofo, llevó por intermedio de Alejandro la causa final del helenismo. Roma, más seducida por el combate que por las producciones del espíritu, condujo a su pueblo al agotamiento mismo de la conquista militar y con ello olvidó lo intangible y lo abstracto; el alma. El cristianismo impulsado por el mentado olvido levantó las banderas de lo trascendente e institucionalizó una religión. La revolución Francesa aprovechando la dependencia excesiva hacia un creador, agitó con vehemencia los postulados de una libertad concreta, la político social. Tanto el comunismo como el capitalismo entendieron que tal libertad no podía ser real sin la consideración radical hacia el aspecto económico. El mundo moderno intenta hasta el hartazgo, hacerse de una verdad monetaria en donde la necesidad no exista. Por intermedio del asombroso desarrollo de la técnica, liderado por los medios de comunicación, pretende alcanzar, creando ficticias necesidades, un hombre irreal y por ende ausente de lo innato de lo necesario. Tal marcha de los acontecimientos instala un estado de continua contradicción. Ejemplos paradigmáticos son: La preocupación manifiesta de los que más tienen con respecto a la pobreza, la crítica desmesurada del vulgo hacia un mundo superficial al que no desaprueban, simplemente lo desean.

Para todos aquellos que tienen la posibilidad de leer el presente texto, pero no se dieron ni se dan la oportunidad de pensar; para los que tienen la posibilidad de transformar tantas cosas y se quedan en la pequeña, para los que el azar y la oportunidad los depósito en el lugar en donde sólo dejarán pasar el tiempo que los vuelva a su pútrida realidad, para los que hoy ostentan glorias ajenas y obedientes a la inercia, la cuestión es tan simple y compleja, cómo el canto de un pájaro que se pierde en la inmensidad del cielo o como el grito libertario que deja su huella en la historia de la humanidad, el peso de la pluma que destruye la fortaleza del arma más sofisticada, sólo se empuña en manos que sepan destilar la sagrada tinta, por más que por cierto tiempo estén manipuladas por torpes y toscas muñecas, un proceso tan natural y lógico, que esconde la mistíca y la belleza, cuando, luego de varios intentos, finalmente cae, seducida y embelesada en las falanges adecuadas, para que la historia continúe su excelsa escritura, liberada ya de las comas inexistentes y burdas, por más que sean necesarias.

Francisco Tomás González Cabañas. www.franciscotgc.com.ar

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